En Chile viven 1.712.952 personas en situación de discapacidad que están en edad de trabajar, según la Encuesta Casen 2023. Sin embargo, y de acuerdo a la misma encuesta, sólo tres de cada diez tienen un empleo. ¿Cómo la economía circular puede ser parte de la solución a esta problemática? En el Centro Inclusivo R (CIR) de Kyklos eso sucede todos los días, pero vamos por parte.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) indica que la tasa media de desocupación de personas en situación de discapacidad, desde una mirada global, se sitúa en el 7,6%. Además, la OIT destaca que “los periodos más largos de la desocupación conducen inevitablemente a muchas personas con discapacidad a la inactividad o pueden obligarlas a aceptar empleos en economía informal”.
En el caso particular de Chile, existe la Ley N° 21.015 que busca proteger la inclusión laboral de las personas con discapacidad. Más en detalle, y según explica la Fundación ConTrabajo, la normativa exige a las entidades públicas y a las empresas privadas que cuentan con más de 100 trabajadores reservar un 1% de su plantilla para personas con discapacidad como una forma de garantizar que tengan acceso a un puesto de trabajo digno, remunerado y que sea sostenible en el tiempo.

“La inclusión laboral permite que las personas trabajen en un entorno seguro, ajustado a sus necesidades, fomenta la igualdad de oportunidades, permite el desarrollo profesional de personas con discapacidad, y es posible concretar metas relacionadas a la autonomía y autodeterminación” señala Soledad Alonso, terapeuta ocupacional del CIR. Además, agrega que impacta en las familias ya que “contribuyen económicamente al hogar, han logrado desarrollar autonomía en el hogar, permite que las madres y/o cuidadoras tengan libertad y espacios personales”.
Reflejo de esto es lo que realiza el CIR con la empresa Komatsu, donde se trabaja en un proyecto de triple impacto a través de la recuperación de palets, creando puestos de trabajo para personas con discapacidad intelectual y/o del neurodesarrollo. Y aunque se ha convertido en todo un caso de éxito, en el camino se fueron presentando diversos desafíos.
El primero de ellos fue trabajar el reciclaje y la inclusión en un lugar que cuenta con un marco normativo y de seguridad de alta exigencia, similares a los de la industria minera. El segundo, permear la cultura organizacional incluyendo temáticas de inclusión para sembrar el camino antes de hacer el trabajo, y capacitaciones tanto de inclusión de personas con discapacidad intelectual y/o del neurodesarrollo y también de reciclaje. Y el tercer desafío fue eliminar mitos y prejuicios en torno a trabajar con personas en situación de discapacidad intelectual y/o del neurodesarrollo.

¿Cómo se superaron estos desafíos? A través de una etapa de diagnóstico para evaluar las necesidades y soluciones. Haciendo capacitaciones en temas de inclusión y medioambientales con foco en reciclaje. También se trabajó desde las gerencias hasta el último colaborador y se reforzó una comunicación interna fluida y directa.
“Inicialmente había temores de si las personas en situación de discapacidad iban a seguir las medidas de seguridad. Sin embargo, ha sido una experiencia positiva pese a los prejuicios previos que se han logrado vencer gracias a: convivencia, capacitaciones constantes, y relación continua entre la terapeuta ocupacional y el equipo directo”, cuenta Soledad Alonso.
Gracias a este proyecto se ha logrado un impacto económico, ambiental y social. En lo económico se han recuperado 5.494 pallets, lo que implica un ahorro de $81.311.200, y se han reparado y reutilizado 1.671 pallets, lo que implica que se han dejado de enviar a disposición 30.078 kgs de madera, lo cual representa un ahorro de $8.196.255. En lo ambiental, al reparar y reutilizar 5.494 pallets hemos dejado de botar 98.892 kilos de madera, equivalente a 443 autos sin usar o 172,1 ton de CO2 equivalente que dejamos de emitir. Y en lo social, se han podido entregar oportunidades laborales y de desarrollo profesional a 11 personas con discapacidad intelectual y/o trastorno del neurodesarrollo. En paralelo se ha fomentado la cultura inclusiva en la organización realizando 8 charlas sobre inclusión laboral de personas en situación de discapacidad cognitiva, con más de 170 participantes de distintas áreas de la empresa.

En esa línea Soledad recalca que “el trabajo en reciclaje y economía circular, es una oportunidad para las personas en situación de discapacidad, ya que permite tener un espacio protegido donde las personas pueden recibir acompañamiento y los ajustes necesarios para poder desempeñarse laboralmente. No todos los espacios de trabajo lo permiten”.
Desde la creación del CIR, en 2019, ha trabajado con diversas empresas y organizaciones, y durante el año recién pasado (2023) 404 toneladas de material reciclado fueron recuperadas y valorizadas de forma inclusiva.
“Trabajar en el CIR y con personas con discapacidad es desafiante porque uno se enfrenta a situaciones que en el día a día no está acostumbrado a llevar. Cuando uno se enfrenta a personas que tienen algún tipo de discapacidad te obliga a cambiar tu forma de ver las cosas y hacerlas, porque lo que uno a veces da por obvio no necesariamente lo es. Uno aprende a fijarse en los detalles, aprende a ser mucho más empático”, dice Reynaldo Herrera, Gerente General del CIR, y agrega que “es una oportunidad que todo el mundo debería tener”.

Con el CIR puedes, a través de servicios tercerizados, cumplir la Ley de Inclusión y generar oportunidades de trabajo directas a personas que tienen discapacidad cognitiva mediante servicios de retiro de residuos reciclables, proyectos de economía circular, y productos de aseo. “También podemos ayudar a las distintas empresas a gestionar sus distintos residuos de forma correcta entregando toda la trazabilidad que necesiten”, añade Reynaldo.
Para conocer más sobre el CIR puedes visitar https://centroinclusivoreciclaje.cl/












