La sostenibilidad se ha ido posicionando como un eje central dentro de las estrategias y operaciones de las organizaciones. Esto responde a distintas razones, entre ellas la necesidad de enfrentar las inclemencias del calentamiento global, mercados cada vez más cambiantes y normativas más exigentes. En este contexto, inversionistas y stakeholders demandan información que incorpore criterios ESG medibles y transparentes, a través de estándares comparables internacionalmente, como GRI, SASB y aquellos exigidos por la CMF.

Sin embargo, este escenario no responde únicamente a una estrategia reactiva. Según PwC y su 28ª Encuesta Global Anual de presidentes, “uno de cada tres CEO reportó que las inversiones respetuosas con el clima realizadas durante los últimos cinco años han generado mayores ingresos. Además, dos tercios afirmó que estas inversiones redujeron los costos o no tuvieron un impacto significativo en ellos”.

Estrategia de sostenibilidad y criterios ESG

La sostenibilidad corporativa se convierte así en una forma de hacer rentable un negocio de manera armónica con el medio ambiente y las personas. Para que esto se concrete, es necesario abordarla de forma sistémica, con una gobernanza que la sostenga y le dé estructura. En ese proceso, las personas que forman parte de la organización se vuelven actores clave para lograr una sostenibilidad real y duradera.

“Muchas veces se diseñan estrategias de sostenibilidad que se ven muy robustas en el papel, pero que luego no avanzan en la práctica, porque no fueron desarrolladas tomando en cuenta la cultura organizacional ni su forma de vinculación con el resto de los grupos de interés. La sostenibilidad del negocio no se juega solo en indicadores técnicos, sino en la cultura que sostiene las decisiones cotidianas”, señala María Paz Izquierdo, Gerenta de Sostenibilidad y Cambio Climático de Kyklos.

Desde la mirada cultural, Paula Peters, Gerente de Cultura y Experiencias de Kyklos, complementa que “la cultura sostenible de una empresa debe entenderse como un sistema recurrente de pensamientos, decisiones y acciones que orientan el comportamiento hacia la rentabilidad sostenida del negocio en el tiempo”. La describe como un tejido humano que sostiene a la organización y que se manifiesta en lo cotidiano: en cómo las personas se relacionan, colaboran y resuelven conflictos. Ese tejido es, muchas veces, lo que las personas valoran para quedarse en la organización, aportar, “ponerse la camiseta” y seguir vinculadas como colaboradoras, clientes, proveedores u otros actores.

A pesar de su relevancia, este potencial no siempre se aprovecha del todo. De acuerdo con el insight “¿Qué piensan los colaboradores de la sostenibilidad?” de PwC, “los colaboradores no están suficientemente vinculados con las cuestiones ESG como para promover un cambio significativo en sus compañías”. Al mismo tiempo, el estudio plantea que las empresas tienen una oportunidad concreta para lograr que la sostenibilidad ocupe un lugar más relevante en la promesa y en la experiencia de sus trabajadores.

En ese sentido, resulta clave escuchar a las personas e involucrarlas desde las etapas iniciales del diseño estratégico, para que luego sean parte activa del nuevo rumbo de la organización. “Un buen ejercicio de doble materialidad, que permita identificar los impactos, riesgos y oportunidades que afectan a las personas en relación con el negocio, junto con la definición de un propósito común y líneas de acción compartidas, son pasos fundamentales para que las personas quieran remar en conjunto y en coordinación con los distintos actores”, agrega Izquierdo.

Otro aspecto relevante es avanzar hacia una cultura de liderazgo más adaptativa al entorno, con equipos directivos capaces de leer el contexto y conectar genuinamente con las personas. “Muchas veces las organizaciones no avanzan en esta materia porque mantienen liderazgos de corte más tradicional y jerárquico, que no dialogan con los desafíos actuales ni dan espacio al aprendizaje”, explica.

Finalmente, Izquierdo identifica dos elementos transversales que permiten sostener estos procesos en el tiempo. Por una parte, una comunicación estratégica bien definida, con mensajes, tono y estilo acordes a los distintos grupos de interés, que construya sentido, coherencia y confianza, y que aporte a la reputación de marca. Por otra, la medición: “sin indicadores claros que den cuenta del avance real, las organizaciones navegan a ciegas”, concluye.

En Kyklos acompañamos a las organizaciones en este camino, integrando sostenibilidad, cultura y personas para que las estrategias se traduzcan en acciones reales y sostenidas en el tiempo. Escríbenos a contacto@kyklos.cl.

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