En Chile, la educación ambiental ha sido reconocida como un pilar fundamental para formar una ciudadanía consciente de la importancia de conservar y proteger nuestros recursos naturales. Sin embargo, a pesar de los avances legislativos y la creación de instituciones dedicadas al medio ambiente, persiste la pregunta: ¿hemos logrado implementar efectivamente la educación ambiental en todos los niveles de la sociedad?

La Ley N°19.300 define la educación ambiental como un proceso interdisciplinario destinado a desarrollar valores, conceptos, habilidades y actitudes que promuevan una convivencia armónica entre los seres humanos y su entorno físico y cultural. Pero aún enfrentamos desafíos importantes en su implementación integral y continua en el sistema educativo chileno.

¿Por qué importa la educación ambiental? Es crucial entender que no se trata solo de cómo interactuamos con la naturaleza, sino también de cómo nos relacionamos entre nosotros. El medio ambiente no es algo distinto al medio humano; somos parte integral de él. Esta perspectiva holística nos permite comprender que nuestras acciones tienen un impacto directo tanto en nuestro entorno natural como en nuestra convivencia social.

En ese sentido es fundamental que la educación ambiental enfatice el poder de las acciones individuales acumulativas. Los problemas de cambio climático y, en general, todos los desafíos ambientales de nuestro tiempo, requieren que muchas personas realicen pequeñas acciones. Así, como la acumulación de pequeños daños es lo que destruye la naturaleza, es la regeneración a través de pequeñas acciones cotidianas la que la recupera. El ejemplo más claro es el impacto de nuestros residuos. Los rellenos sanitarios y vertederos son los terceros generadores de gases de efecto invernadero. Si cada humano compostara en su casa, tendríamos un avance gigante.

En el ámbito educativo, la educación ambiental juega un rol crucial como integrador de distintas disciplinas. No se trata solo de transmitir conocimientos, sino de generar hábitos y una nueva forma de pensar y actuar. Por ejemplo, podemos aprender valiosas lecciones de la naturaleza misma:

  • Las hormigas nos enseñan sobre trabajo en equipo y organización eficiente.
  • Las abejas demuestran la importancia de la polinización y el equilibrio ecológico.
  • Los árboles nos muestran la importancia de las redes de apoyo mutuo.

Estos ejemplos pueden integrarse en diversas asignaturas: en matemáticas al estudiar patrones y estructuras, en biología al explorar ecosistemas, o en ciencias sociales al analizar modelos de organización.

Además, la educación ambiental nos ofrece una oportunidad única para llevar entretención y dinamismo a las salas de clases. Desarrollar vivencias y experiencias educativas, no solo contenido teórico, es fundamental para captar el interés y la imaginación de los estudiantes. Esta aproximación experiencial puede inspirar un compromiso más profundo con la protección de nuestro entorno y, al mismo tiempo, fomentar habilidades de trabajo en equipo y resolución de problemas a través de proyectos prácticos.

Un aspecto clave a considerar es que la educación ambiental no tiene que estar asociada a un ramo en particular, o a salidas pedagógicas ocasionales. La buena educación ambiental se incorpora en el quehacer diario, como algo natural. Ya sea en matemáticas, lenguaje, ciencias o cualquier otra asignatura, se pueden integrar conceptos y prácticas ambientales, enriqueciendo así el aprendizaje en todas las áreas.

Interescolar Ambiental

Transformar nuestros espacios naturales en aulas vivas, como proponía el educador ambiental Rod Walker, podría ser una estrategia efectiva para involucrar a los estudiantes de manera más directa con los desafíos ambientales que enfrentamos. Esta aproximación más experiencial y práctica no solo educa, sino que también inspira y motiva.

En concreto, aunque se han realizado avances significativos, la educación ambiental en Chile sigue siendo una tarea pendiente. Es hora de pasar de los esfuerzos aislados a una estrategia integral y continua que empodere a cada chileno con los conocimientos, habilidades y hábitos necesarios para enfrentar los desafíos ambientales del siglo XXI. Solo así podremos garantizar un futuro sostenible, fomentando no solo la cultura ambiental, sino también una convivencia más armónica y respetuosa entre nosotros y con nuestro entorno. Cada pequeña acción cuenta, y juntos, a través de la educación ambiental, podemos lograr el cambio que nuestro planeta necesita.

Hernán Hochschild
Director Ejecutivo Kyklos

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