Reconocidas figuras internacionales se han declarado neurodivergentes, pero este sigue siendo un componente a menudo ausente en los planes de diversidad, equidad e inclusión de las empresas.

Greta Thunberg, Bill Gates y Mark Zuckerberg se han reconocido como neurodivergentes, considerando que este término abarca trastornos del espectro autista, el déficit de atención e hiperactividad -conocido como TDHA-, y diversas diferencias de aprendizaje.

Entre el 15 y 20% de la población mundial es neurodivergente, según el reporte Faros: Diversidad, Equidad e Inclusión 2023 del Foro Económico Mundial, en colaboración con McKinsey & Company. Sin embargo, se ha expuesto que la neurodivergencia es un elemento a menudo ausente en los planes y las políticas organizacionales vinculadas a la diversidad, equidad e inclusión (DEI).

Neurodivergencia como discapacidad

Si bien en Chile no existe un catastro sobre la cantidad de personas neurodivergentes, el III Estudio Nacional de la Discapacidad 2022 indica que un 20% de la población adulta padece algún tipo de discapacidad, tomando este concepto en relación a las limitaciones contextuales.

Desde esta perspectiva, la discapacidad de personas neurodivergentes se refiere a las restricciones para su pleno desarrollo personal y social basadas en diferencias cognitivas, que no son defectuosas ni deficientes, con lo que pueden resultar de gran valor para el ámbito laboral.

El valor de la diferencia en el ámbito laboral

Se ha planteado que personas con trastornos del espectro autista cuentan con altos grados de concentración y que suelen ser sistemáticas, meticulosas y detallistas. Por otra parte, personas con TDAH obtienen puntuaciones más altas en medidas de pensamiento divergente, asociado a la fluidez, flexibilidad y originalidad, según un estudio publicado en Front Psychiatry en 2022.

El mundo laboral está en constante cambio, y aunque el desarrollo de planes y políticas DEI varía según la empresa, industria y la geografía, un número creciente de organizaciones ha reconocido la urgencia de tomar medidas para impulsar su progreso, indica el reporte Faros. En esta línea se ha avanzado mucho en la diversidad étnica y cultural, pero el debate sobre la contratación de personas neurodivergentes sigue siendo controvertido.

El caso del Centro Inclusivo de Reciclaje (CIR) de Kyklos

En el CIR se segregan, valorizan y reacondicionan parte de los materiales que Kyklos retira de organizaciones y empresas en su rol como gestor de residuos. En este sentido, en sus bodegas ubicadas en la comuna Lo Espejo, se reciben residuos reciclables tales como plásticos, aluminio, papel, cartón y metales, además de aparatos electrónicos, y estas labores las realiza un equipo con discapacidad cognitiva.

De la inspiración de la empresa estadounidense, Blue Star Recyclers, en 2019 nació el CIR, en donde actualmente hay 13 personas con discapacidad cognitiva contratadas.

“Este ha sido un proceso muy profundo. Hemos implementado desde los aspectos más prácticos y vinculados al entorno del trabajo, hasta capacitaciones, tanto para el equipo de segregación y valorización, como para el resto del equipo, ya que en el CIR trabajamos muy de la mano con Kyklos, en donde trabajan cerca de 90 profesionales”, cuenta Soledad Alonso, terapeuta ocupacional del CIR.

A lo largo de estos años, el CIR ha podido aportar al planeta a partir de sus operaciones vinculadas al reciclaje; a las personas con discapacidad mediante su política de inclusión laboral; y ha podido recoger los frutos de un trabajo meticuloso, ya que sus tasas de valorización incluso han aumentado: “es sumamente enriquecedor nutrirse de las variaciones de las funciones mentales. En este caso, hemos sido testigos del gran potencial que tiene el equipo para la ejecución de tareas que requieren de concentración y repetición”, agrega Soledad, refiriéndose al servicio que llaman “reciclaje inclusivo”.

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