En un contexto desafiante para las marcas debido a las nuevas demandas de los consumidores y a la transformación digital, entre otros factores, el desarrollo de comunidades ofrece un potencial comercial y también la posibilidad de generar impactos a nivel social y medioambiental.

Según una encuesta internacional llamada The Belong Effect, llevada a cabo en 2021, el valor empresarial de las comunidades radica en su componente social. Esta concluyó que para la generación Z y millenials, las comunidades -principalmente en línea-, cumplen un rol importante en la definición de sus identidades, aún más que sus familias o grupos locales. También determinó que las comunidades generan un sentimiento de unidad, fundamental en tiempos en los que prima la soledad, como indican varios estudios.

Andy Bateman, impulsor de The Belong Effect y CEO de Sid Lee, una agencia creativa global, ha determinado que las marcas que desarrollan estrategias de marketing basadas en comunidades pueden conseguir altos niveles de promoción de marca, y la participación en estas puede liberar un potencial por un costo menor al de otros enfoques del marketing tradicional.

Aún más allá, cuando las comunidades se hacen cargo de desafíos, que pueden ser sociales, medioambientales o de otra índole, estas pueden resultar aún más interesantes. “La sensación de participar en algo especial, en algo que nos permita enfrentar juntos desafíos de gran magnitud, tiene un alto grado de satisfacción, y también la posibilidad de conseguir impactos reales. Y este sentimiento de pertenencia, como también esta fuerza, proviene de las comunidades. Además, y sobre todo las comunidades digitales, tienen la capacidad de unir a las personas traspasando fronteras físicas”, dice Sebastián Herceg, Líder del desafío “Chile Sin Basura” y Director de Asuntos Corporativos de la empresa B, Kyklos.

Las marcas de más rápido crecimiento participan en comunidades digitales para ganar compromiso y lealtad, según la consultora McKinsey. En esta línea, un desafío es encontrar una causa capaz de atraer a distintos tipos de públicos y generar un sentido de compromiso.

Kyklos impulsa el desafío «Chile Sin Basura», que consiste en una comunidad comprometida y dedicada a erradicar la basura en el país al año 2040. Este proyecto, que busca unir a ciudadanos, empresas y organizaciones para acelerar la transición a una economía circular, representa un ejemplo tangible del poder de las alianzas para generar cambios positivos.

A través de «Chile Sin Basura», Kyklos ha desarrollado proyectos con triple impacto como el Banco Social de Latas, junto a Ball, que promueve la recolección de latas de aluminio para su posterior valorización, con lo que también ha donado los beneficios a fundaciones y establecimientos educacionales; o Vivamos Circular, proyecto en alianza con PepsiCo y la Municipalidad de Cerrillos, que a partir de plásticos flexibles recuperados logró construir un espacio educativo e inclusivo abierto a la comunidad.

Chile sin Basura 2040

Para otras marcas, asociarse a iniciativas como “Chile Sin Basura” no solo representa una oportunidad de pertenencia, sino que también puede significar una ventaja comercial, y considerarse una manera efectiva de contribuir a la construcción de un futuro más sostenible.

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