Cuando una empresa enfrenta cambios, ya sea para implementar una estrategia o cumplir con una nueva normativa, el liderazgo interno se vuelve decisivo. No solo desde la alta dirección, sino también desde quienes operan el día a día: jefaturas intermedias, supervisores y encargados de área, responsables de alinear a los equipos y convertir las exigencias en prácticas reales. En ese escenario, implementar el Modelo de Prevención de Delitos se vuelve una prioridad operativa, no solo legal.
Ley 21.595 y MPD: el estándar de control sube
Este rol es especialmente crítico cuando se trata de cumplimiento normativo. Las leyes no funcionan solas: requieren personas capacitadas, procesos claros y una cultura organizacional basada en la ética, la prevención y la responsabilidad. Ese es precisamente el desafío que plantea el Modelo de Prevención de Delitos (MPD) exigido por la Ley N° 21.595, que refuerza la persecución de delitos económicos y ambientales, endurece sanciones y eleva el estándar de control para las organizaciones.
“Casos de colusión, contaminación de aguas, elusión ambiental y delitos tributarios han evidenciado la necesidad de fortalecer la ética corporativa, la transparencia y la responsabilidad social dentro de las empresas”.
El MPD establece un sistema penal específico para delitos económicos y ambientales, con sanciones claras y proporcionales, que pueden incluir multas significativas, inhabilitaciones y penas de cárcel. Para las empresas, esto se traduce en una exigencia concreta e inmediata: contar con procesos definidos, registros trazables y personas efectivamente capacitadas para prevenir, detectar y actuar.
Mandos medios: donde el MPD se vuelve práctica
Los equipos legales de las empresas han hecho un gran trabajo sensibilizando y capacitando a los directores y gerentes que en general están más familiarizados con estas temáticas.
“Sin embargo, hemos visto que el resto de la empresa queda menos sensibilizada. Es ahí donde podemos aportar desde Kyklos implementando nuestras metodologías participativas y hechas a medida en el apoyo a los mandos medios”.
Estos cumplen un rol estratégico ya que identifican riesgos en la operación diaria, canalizan alertas, aplican protocolos y marcan, con su conducta, los límites entre lo permitido, lo corregible y lo inaceptable. Sin ellos, el MPD existe solo en el papel.

“Compliance es cultura y valores en acción. Un MPD efectivo y dinámico, alineado con los cambios del negocio, del riesgo y de la regulación, refleja un liderazgo coherente, decisiones éticas claras y equipos comprometidos con hacer lo correcto. Porque no basta con que el MPD exista: lo que realmente protege a la empresa es su eficacia, su aplicación práctica y el compromiso real de los mandos medios y de la alta dirección”, dice Yoab Bitran, director del Grupo Compliance, Albagli Zaliasnik (AZ).
Implementar un Modelo de Prevención de Delitos no es solo cumplir con la ley. Es una decisión estratégica para proteger la reputación, reducir riesgos legales y asegurar la continuidad del negocio en un contexto de mayor fiscalización y exigencia regulatoria.
Cuando el cumplimiento se integra a la forma de trabajar y no se limita a un documento, las organizaciones se vuelven más sólidas, confiables y resilientes.
La Ley 21.595 ya está en marcha. Si tu empresa aún no cuenta con un Modelo de Prevención de Delitos efectivo y aplicado, el momento de actuar es ahora. Escríbenos a contacto@kyklos.cl y te acompañamos en su implementación.
Lectura relacionada: Ley de delitos ambientales: la importancia de la prevención para evitar sanciones.
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