La comunicación y la educación ambiental se convierten en pilares fundamentales para promover, impulsar e inspirar un cambio cultural significativo que nos lleve a practicar acciones y hábitos que vayan en pro del cuidado del medio ambiente.

Por ejemplo, la economía circular se posiciona como una solución innovadora -y sobre todo necesaria- para enfrentar los actuales desafíos ambientales y económicos. La Fundación Ellen Macarthur explica que se basa en tres principios: eliminar los residuos y la contaminación, circular los productos y materiales, y regenerar la naturaleza. “Se respalda en una transición hacia energías y materiales renovables. Una economía circular desvincula la actividad económica del consumo de recursos finitos. Es un sistema resiliente, bueno para las empresas, las personas y el medio ambiente”, dicen.

Otra forma de contribuir en la misión de vivir en armonía con nuestro entorno, por ejemplo, es el reciclaje, un hábito que se puede realizar en los hogares, establecimientos educacionales, lugares de trabajo, etc. Sin embargo, de acuerdo a la última encuesta Reciclando-ando, la tendencia al alza que se registraba desde 2016 respecto al reciclaje presentó un estancamiento. En el 2016 un 17% aseguraba reciclar, en el 2022 ese número llegó al 55%. Pero en 2023 sólo aumentó dos puntos porcentuales. En ese aspecto, la comunicación efectiva se vuelve crucial para poder educar y movilizar a distintos actores en este objetivo común.

Según se explica el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de España “comunicar es hacer partícipe a otro de lo que uno conoce o tiene. En términos ambientales, esta definición convierte la comunicación en un elemento clave en cualquier estrategia de educación ambiental, entendiendo ésta como el proceso de interacción social dirigido a capacitar en el análisis de los conflictos ambientales, en el debate de alternativas y en la toma de decisiones individuales y colectivas encaminada a la solución de estos problemas”.

Si volvemos al ejemplo de la economía circular, ese modelo puede implicar conceptos complejos que no todas las personas entenderán inmediatamente, y por lo mismo la comunicación se convierte en una herramienta de transformación que tiene la misión de “traducir” conceptos complejos en mensajes accesibles y atractivos que puedan ser comprendidos por todos.

La comunicación, entonces, ayudará a crear conciencia, a motivar a las personas, difundir información y también movilizar a las comunidades. Para eso es crucial que lo que se comunique sea comprensible, accesible, utilizando un lenguaje claro, con atractivos visuales. También se puede recurrir a la sensibilización mediante campañas, contar historias de impacto, organizar eventos y utilizar plataformas digitales, como las redes sociales.

Muy de la mano va la educación, aspecto que también se va a encargar de empoderar a las personas y las comunidades para tomar acciones concretas que protejan y mejoren nuestro planeta. Construirá una base sólida de conocimiento y comprensión introduciendo conceptos, fomentando experiencias prácticas, ofreciendo programas de educación ambiental, creando redes de aprendizaje.

Si volvemos al ejemplo del reciclaje, la educación ambiental ayudaría a que las personas sepan cómo se reciclan los materiales, dónde llevarlos, por qué hacerlo, practicarlo, hasta convertirlo en un hábito.

La Gerente Educación y Experiencias de Kyklos, Paula Peters, subraya que el cambio cultural necesario requiere que se actúe precisamente en dos frentes: la educación y la comunicación, “y ninguno de estos se refiere al mero traspaso de conocimientos o conceptos”.

“En Kyklos trabajamos en estos dos frentes para poder masificar el impacto. Es poco el tiempo que nos queda para revertir los efectos del cambio climático. Sin embargo, estamos convencidos de que si bien la suma de pequeñas acciones puede lograr grandes cambios, la acción individual, más que sumar al número total, lo que permite es hacer vibrar a otros a través de un contagio virtuoso. Estamos convencidos de que a todos nos importa vivir en un lugar mejor. Todos queremos dejar algo mejor de lo que encontramos. El desafío es entonces abrir los espacios para que las personas puedan entender que su contribución si importa. Sí cuenta, hoy”, agrega.

A propósito de esto, puntualiza en las campañas que realiza Kyklos y que promueven la educación ambiental,  las cuales han podido impactar positivamente a comunidades escolares de todo el país. “Trabajamos todos los días con comunidades escolares, empresas y distintas organizaciones interesados en avanzar en la gestión de sus (mal llamados) residuos (y mejor llamados) materiales reciclables. Se acercan con un genuino interés por implementar programas de impacto que los apoyen en lograr el cambio cultural necesario”.

En definitiva, a través de la comunicación efectiva y la educación ambiental podemos transformar nuestra relación con el medio ambiente, fomentando una cultura de respeto y cuidado hacia nuestro planeta, y una sociedad más consciente, responsable y comprometida con el medio ambiente.

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