En medio de la polémica internacional sobre el uso del concepto ESG, expertos apuntan a que su propuesta de fondo sigue siendo esencial a nivel de principios, siempre y cuando se priorice una propuesta de valor.

Las búsquedas en Internet sobre el término ESG se han multiplicado por cinco desde 2019, según lo indica la consultora McKinsey. Empresas de todo el mundo, de diverso tipo y tamaño, han invertido en acciones para cumplir con estándares internacionales vinculados a las dimensiones correspondientes a sus siglas en inglés, environment, social y governance, referidas a medioambiente, social, gobernanza. Sin embargo, durante el último año el término ha sido objeto de varias críticas.

La polémica comenzó cuando Larry Fink, CEO de BlackRock, el mayor fondo de inversión de Wall Street, anunció que no utilizaría más el concepto ESG, lo que ha repercutido en que varias organizaciones internacionales hayan seguido este camino, por ejemplo, Coca-Cola.

La politización del concepto, sus mediciones subjetivizadas, y su impacto en la reputación corporativa de las organizaciones, han sido algunos de los argumentos utilizados por quienes critican el uso del término ESG, apuntando también a que más allá de los indicadores medioambientales, sociales o de gobernanza, las acciones que pueden derivar de estos están en el terreno de las relaciones públicas o del marketing.

El valor está en el fondo

En su anuncio, Fink explicó que la eliminación del término no cambiaría la postura de su empresa, que continúa implementando acciones en torno a la descarbonización, la eficiencia energética, y la diversidad e inclusión, entre otras. De cualquier forma, la conversación debe centrarse en cómo generar mayor aporte de valor, considerando los impactos de forma integral.

De este modo, expertos afirman que la propuesta de fondo del concepto ESG sigue siendo esencial a nivel de principios. De hecho, desde McKinsey han postulado que “el imperativo de que las empresas se ganen su licencia social parece ir en aumento”.

Los indicadores ESG, de la mano con las acciones de sostenibilidad, pueden generar múltiples beneficios medioambientales y sociales. Pero, aún más allá, son fundamentales de cara a asegurar la continuidad de los negocios a futuro.

“Es cierto que a veces se confunde la sostenibilidad con ciertas iniciativas en materia de cuidado medioambiental, social y en la gobernanza, cuando en realidad la sostenibilidad apunta a gestionar los impactos bajo estas tres dimensiones, pero siempre en relación a que le aporten valor a largo plazo a la compañía. Es por esto que se entienden las críticas a quienes “adornan” sus gestiones con actos de filantropía o plantaciones de árboles, que nada tienen que ver con su giro comercial”, dice María Paz Izquierdo, Gerente de Sostenibilidad y Cambio Climático de Kyklos. “Los enfoques de ESG deben servir como una herramienta para medir y cuantificar los impactos de forma integral, pero el plan de acción debe estar apalancado en la estrategia de negocios con miras hacia el futuro. De lo contrario, deja de ser sostenible”, añade.

Más allá de las etiquetas, las mediciones y las acciones con un enfoque integral son necesarias para responder a las condiciones cambiantes del mercado, del entorno, de las regulaciones, y frente a los mismos stakeholders, quienes actualmente exigen más a las organizaciones.

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