Diversos estudios revelan las mejoras que trae la incorporación de una perspectiva de género en las organizaciones, invitando a los líderes del sector privado a responder a esta deuda mundial.

Los equipos de trabajo con diversidad de género toman mejores decisiones, expone un estudio desarrollado en 2017 por la empresa internacional Cloverpop, que además encontró una relación directa entre este hallazgo y el rendimiento empresarial.

Los hombres y las mujeres aportan diferentes competencias, perspectivas y aproximaciones ante los riesgos y la colaboración, lo que incluso puede traer beneficios en la economía: según el grupo IMG, que recoge opiniones de los funcionarios del Fondo Monetario Internacional, señala que el cerrar la brecha de género podría aumentar el PIB del sur global en una media del 35%.

Un reto en materia de derechos humanos

A pesar de estos beneficios, la perspectiva de género avanza de manera dispar y se sitúa como un tema crítico a nivel laboral: en el mundo, las tasas de desempleo son superiores en mujeres; persiste un sesgo en relación a ciertas actividades masculinizadas, que perpetúan desigualdades; y la proporción de mujeres en cargos directivos alcanza un 1%, según el reporte Brecha Global de Género de 2023. Según este mismo, al ritmo del progreso actual tomaría 131 años alcanzar la paridad total.

En Chile, la situación es similar: las mujeres enfrentan condiciones laborales de menor calidad, con mayor probabilidad de subempleo e informalidad, menos acceso a seguridad social, y con salarios que en promedio son inferiores a los de los hombres, aún en condiciones semejantes, señala el reporte de Indicadores de Género en las Empresas de Chile de 2022.

Si bien la perspectiva de género ha aumentado en el sector privado a nivel global, sigue desarrollándose de manera dispar entre empresas, sectores productivos y países. Por ejemplo, en Chile, un estudio titulado “Maternidad y desigualdad de género en el mercado del trabajo”, revela que la “multa por hijo/a” es mayor en el sector privado que en el público.

Perspectiva de género para un clima organizacional positivo

Las percepciones en torno a las políticas de género en organizaciones tienen el potencial de influir en el bienestar y en la satisfacción de los equipos, lo cual, a su vez, tiene consecuencias en el éxito de las empresas, ya que estudios han demostrado que mayores niveles de satisfacción conllevan a una mayor productividad.

Lo anterior se presenta en el caso de la empresa B, Kyklos, en la que su clima organizacional destaca por la satisfacción de sus colaboradores, en parte, debido a la perspectiva de género aplicada.

“En Kyklos hay un clima organizacional muy positivo, que se da por el trabajo de la confianza, la cual se construye a partir de varios elementos. Por ejemplo, la confianza en las competencias del otro, o el escuchar a otros para nutrir nuestros proyectos y, por supuesto, asumir errores y enmendarlos. El trabajar la confianza nos entrega un tremendo regalo, que es la flexibilidad: si yo confío en otro, no andaré encima de su trabajo. Si mi jefe confía en mi trabajo no necesita verme sentada en la oficina todos los días. Y ese regalo es una tremenda conciliación con la vida familiar. Por ejemplo, si mi hijo se enferma, puedo estar con él en casa. También puedo llevarlo a sus actividades escolares, etcétera. Esto, además de permitirme ver crecer a mi hijo, me permite un espacio de crecimiento laboral. Las mujeres queremos desarrollar nuestra maternidad con mucha cercanía, pero también queremos crecer profesionalmente”, dice Carolina Zúñiga, Gerente de Comunicaciones y Marketing de Kyklos.

En Kyklos trabajan 45 mujeres y 31 hombres, y en cuanto a la proporción según los puestos de trabajo, las mujeres predominan tanto en la gerencia, como en el resto de la organización. Por ejemplo, las áreas de Economía Circular, Sostenibilidad y Cambio Climático, Educación y Experiencias, y Comunicaciones y Marketing, son lideradas por mujeres.

Tanto la satisfacción laboral, como la paridad de género, son una llamada a la acción, ya que los líderes del país pueden aprovechar a sus equipos para responder no solo a la deuda universal que significa la igualdad de género, sino, además, utilizar esta perspectiva para impulsar mejoras a nivel humano, también con miras a sus resultados.

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