Cuando hablamos de economía circular, muchas veces se nos viene a la cabeza el reciclaje. Sin embargo, reducirla solo a eso es quedarse corto frente a un enfoque mucho más amplio, estratégico e integral, especialmente para las empresas. La economía circular propone repensar cómo diseñamos, producimos y gestionamos recursos, transformándose hoy en una verdadera oportunidad de competitividad y sostenibilidad corporativa.
La Fundación Ellen MacArthur, uno de los principales referentes a nivel global, señala que la economía circular se basa en tres principios fundamentales: eliminar los residuos y la contaminación, circular los productos y materiales en su valor más alto, y regenerar la naturaleza. Bajo esta lógica, el reciclaje es solo una de las herramientas posibles dentro de un sistema mucho más profundo.
En un contexto marcado por una triple crisis climática, distintas organizaciones internacionales han impulsado la economía circular como una respuesta concreta y necesaria. La ONU, a través de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ha promovido este enfoque, y hoy son cada vez más las empresas que lo incorporan en sus estrategias. No solo como una recomendación global, sino porque la circularidad se ha convertido en un factor clave para inversionistas, clientes y otros stakeholders, influyendo directamente en decisiones de inversión, reputación y continuidad operacional.
El informe “La economía circular como una oportunidad de sostenibilidad corporativa” de PWC refuerza esta mirada, señalando que la economía circular “es una oportunidad atractiva y rentable para que las organizaciones planifiquen sus procesos con el objetivo de convertir residuos en recursos, disminuyendo la volatilidad de precios de las materias primas y mejorando el relacionamiento con sus grupos de interés”.
Una de las formas más efectivas de implementar la economía circular al interior de las empresas es avanzar hacia una cadena de suministro circular.
“Una empresa no puede ser circular, ni sostenible, si su cadena de suministro no lo es”, explica Andrea Cifuentes, Gerenta de Economía Circular en Kyklos.
Esto implica trabajar de manera colaborativa con proveedores, procesos y territorios, incorporando criterios de circularidad desde el origen y reduciendo riesgos asociados al abastecimiento y la operación.

Junto con ello, la economía circular abre una oportunidad relevante de vinculación territorial entre las empresas y las comunidades donde operan. A través de programas de recuperación de materiales, educación ambiental y fortalecimiento de capacidades locales, es posible generar triple impacto: ambiental, económico y social. Un ejemplo de este enfoque es el proyecto Te Cuido Caleta, impulsado por Minera Doña Inés de Collahuasi y ejecutado por Kyklos, que incorpora infraestructura y gestión para la recuperación de materiales reciclables en comunidades costeras, fortaleciendo la economía local y la relación entre empresa y territorio.
Todo este enfoque trae beneficios claros: a mediano plazo, fortalece la reputación de marca y el relacionamiento con los stakeholders; y a largo plazo, contribuye a disminuir riesgos en el suministro y la operación, tal como destaca PWC.
“En Kyklos trabajamos la economía circular como una herramienta estratégica que conecta sostenibilidad, operación y territorio, acompañando a las organizaciones en el diseño e implementación de soluciones con impacto ambiental, social y económico”, concluye Cifuentes.












