En los últimos años, el concepto de regeneración ha empezado a ocupar un espacio de privilegio en el tradicional enfoque de “ser sostenibles”. Ya no se trata solo de “no dañar”, sino de reparar, restaurar y devolver vida a los entornos naturales y sociales. Esta transformación responde a un contexto crítico: cambio climático, pérdida de biodiversidad y creciente desigualdad que exigen respuestas más profundas y activas.

Según una encuesta de ReGenFriends, cerca del 80% de los consumidores en EE.UU. ya prefiere marcas regenerativas por sobre las sostenibles. ¿Por qué? Porque las primeras no se conforman con mitigar su impacto: se comprometen a dejar el mundo mejor de lo que lo encontraron.

El propio Foro Económico Mundial lo resume así: “la regeneración genera un impacto socioeconómico más profundo, ya que va más allá de la sostenibilidad y compite por hacer más bien a la sociedad y al planeta”. Este cambio de paradigma comienza a materializarse en empresas, comunidades y personas que actúan desde una lógica de cuidado, reciprocidad y restauración.

Ese cambio de mentalidad se nota en personas, organizaciones y comunidades que buscan devolverle vida a su entorno natural y social. Por otro lado, también es una buena decisión estratégica. El informe Regenerate de Kearney reveló que el 60% de los líderes de alto nivel considera que una cultura regenerativa aumenta el compromiso de los empleados.

Regenerar es actuar en los territorios

En Chile, esta mirada regenerativa ha comenzado a tomar forma concreta en iniciativas como Chile sin Basura, liderada por Kyklos, donde la regeneración es una de sus tres causas principales. La propuesta es clara: no hay sostenibilidad posible sin bienestar ambiental y social, y eso requiere actuar directamente en los territorios.

Uno de los casos más destacados es el programa Vivamos Circular, impulsado por PepsiCo Chile en alianza con Kyklos y con la colaboración de CCU, Walmart Chile, Fundación Deporte Libre y Revalora Chile. Desde 2021, esta iniciativa ha permitido recuperar más de 40 toneladas de plásticos y regenerar cuatro espacios comunitarios —tres en Cerrillos y uno en Renca— a través de procesos participativos, que incluyen educación ambiental, activación comunitaria y economía circular en acción.

“En Kyklos, entendemos la regeneración como una expresión concreta de nuestro propósito: movilizamos juntos una vida en armonía con el entorno”, afirma Carolina Zúñiga, gerenta de Comunicaciones y Marketing de Kyklos y líder de Chile sin Basura.

“Eso implica no solo hacernos cargo del impacto ambiental, sino también involucrarnos activamente en la recuperación de espacios y relaciones. Apostamos por un trabajo colaborativo, territorial y educativo, donde la economía circular no es solo un modelo productivo, sino una herramienta para reconstruir vínculos entre las personas, sus comunidades y el entorno. Regenerar es, en definitiva, volver a conectar, con responsabilidad y con esperanza”.

El enfoque del programa ha sido territorial y participativo. Vecinas, vecinos, escuelas y organizaciones locales han sido parte de los procesos de recolección, diseño y activación de los espacios regenerados. De esta forma, la regeneración no solo ocurre a nivel material, sino también en el tejido social, generando vínculos duraderos y sentido de pertenencia.

“Hoy las marcas ya no son valoradas sólo por lo que hacen, sino por lo que devuelven a la sociedad. Regenerar es una forma concreta de demostrar compromiso: es reparar, reconstruir y recomenzar junto a otros. Las empresas que se atreven a ir más allá del cumplimiento y se involucran genuinamente con sus territorios son las que generan impactos sostenibles, profundos y memorables”, agrega Zúñiga.

¿Quieres regenerar el territorio donde opera tu empresa? Escríbenos a contacto@kyklos.cl y comencemos a trabajar juntos en una transformación con propósito.

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